Archive for diciembre, 2006

El Informe Gowers

jueves 07 de diciembre, 2006

Como si estuviéramos en perfecta sincronía con la vena que seguía en el último artículo, acaba de ser publicado un informe sobre Derechos de Autor, Patentes y Marcas en Gran Bretaña. El «Informe Gowers» estudio las leyes pertinentes de los británicos e hizo ciertas recomendaciones: derecho limitado para la copia privada para «cambio de formato» (pero sin cánon), copia privada de cualquier contenido para uso en investigación, soluciones para el problema de obras huérfanas, y proveer a las bibliotecas el derecho de hacer copias de obras para su preservación.

El Informe Gowers [PDF]

Y justo esta semana, Mariano nos cuenta que EMI decidió probar a vender música sin DRM (MMhhh, ¿El comienzo del Fin?), hasta el CEO de Warner Music admitió que sus hijos se dedican (dedicaban?) a bajar música de la red. Y mi sitio de música favorito, eMusic (que vende música limpiecita sin DRM) mostró un tremendo aumento de tráfico en los últimos tres meses.

Parece que todavía queda sentido común allá afuera, y otros se están dando cuenta que el DRM es defectuoso a propósito

Feliz Cumpleaños (a mí)

martes 05 de diciembre, 2006

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Bueno, no exactamente. Pero si a este blog. El 5 de Diciembre del 2005 publiqué el primer artículo en «El Diablo en los Detalles» desde el cambio de casa desde «Cazuela de Pingüino».

A pesar de sufrir el «Síndrome del Blogero» [1] cada cierto tiempo, escribir acá ha sido tremendamente entretenido. No solo he podido ventilar lo que sea que me anda dando vueltas por la cabeza, sino que he tenido la suerte de conocer a tanto gil interesante y con las mismas adicciones tecno-culturales de las que soy víctima.

A todos los que han comentado, a los que me han sorprendido con los enlaces, a los pocos (espero que sean más) con los que además he podido compartir una cerveza en el mundo analógico, a todos los que han pasado por aquí para leer estos escritos, ¡’Chas Gracias!

Y para no dejar nada en el aire, quiero disculparme por el título del blog. Durante este año, he recibido innumerables ofertas de gente que quiere vender su alma, hacer un pacto conmigo a cambio de favores que no puedo repetir. Lamentablemente, he tenido que dejar todas esas almas sin comprar, y esos favores sin dar, porque el laptop donde escribo estas cosas es potente, pero nunca tanto.

Un abrazo a todos.

[1]: Síndrome del Blogero: Dícese del síndrome sufrido por el autor de un blog, que publica artículos esperando miles de enlaces y comentarios. En la mayoría de los casos, el éxito es más bien modesto, llevando a un sentimiento de desolación en el autor. El ataque del Síndrome resulta normalmente en la cesación del blog después de tres meses. El Síndrome ataca a la gran mayoría de las personas iniciando un blog. No hay tratamiento conocido, pero se han reportado sobrevivientes que alcanzan un estado de autoiluminación al darse cuenta de que la blogósfera es gigante, el público esta distraído, y que con tenacidad, uno encuentra un grupo de amigos que son además lectores.

Obras Huérfanas, o la «Larga Cola» de la Cultura

domingo 03 de diciembre, 2006

En esta serie de artículos sobre los Derechos de Autor, Claudio y yo hemos estado comentando distintos aspectos sobre la relación entre las leyes que regulan el quehacer de los «creadores» y la cultura en general. Quizás las dos conclusiones más importantes que uno puede sacar de esos primeros artículos es que para ser efectivo, los Derechos de Autor tienen que ser un balance entre la necesidad de los autores de ser reconocidos (y, uno diría, ser remunerados) y por otro lado, la importancia de que las obras que generan estén disponibles para uso de todos, en forma restringida, de forma que la cultura de enriquezca.

Las protecciones que reciben los creadores, decíamos antes, son limitadas. No solo porque hay excepciones al control que un autor tiene sobre su obra, sino que además estos derechos no duran para siempre. En Chile, por ejemplo, la protección se extiende por toda la vida del autor más 70 años, o 70 años para programas computacionales creados «a contrata» [1]. En EEUU, el primer plazo solía ser 50 años, y el segundo, que era de 75 años, se aplicaba a todo trabajo a contrata (no solo a programas computacionales).

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Mickey Mouse, cuando el mundo era en B&N

Pero en 1998, EEUU aprobó una ley llamada informalmente el «Acta de Protección del Ratón Mickey», que extendió los plazos a personas a la vida + 70 años (sin duda, para estar en armonía con Chile) y a 95 años para los autores «corporativos» (trabajos hechos a contrata). El apodo a la ley (llamada oficialmente el «Acta de Extensión de Derechos de Autor de 1998«) se debe a que Disney abogó por su creación, preocupada de que las primeras películas de Mickey iban a pasar al dominio público el 2000. El Congreso estadounidense se ocupo de solucionar ese problemita.

¿Y esto que debería importarnos? Por un lado, pensemos en esas obras de teatro que uno puede ir a ver al parque, o un concierto de una orquesta de aficionados. Uno puede ir a ver «Hamlet» o escuchar a Mozart en parte porque esas obras son parte de la herencia cultural de todos. Extensiones excesivas de los plazos de Derechos de Autor llevan a que obras que podrían enriquecer este «dominio público» no lo hagan… por generaciones. Eso limita la creación cultural porque la creatividad (de cualquier tipo) no ocurre en el vacío. Mientras más rico el dominio público, más posibilidades tenemos de tener una cultura más viva.

Ese no es el único problema, sin embargo. La cultura tiene una «Larga Cola» (la Long Tail de la que habla Anderson). Es decir, hay unos pocos que son tremendamente exitosos en el sentido comercial, y millones de otros que crean unas pocas obras de mediano o poco impacto. A medida que pasa el tiempo, muchas de esas obras pasan a ser obras huérfanas, es decir, obras cuyos autores murieron sin herederos, o donde hay dudas de quienes son los titulares.

Toda esa «Long Tail» de la cultura pasada esta en peligro de perderse hoy, por un lado porque no tenemos mecanismos para lidiar con el problema, sino también porque, empujados por tratados bilaterales como los que firmamos con EEUU, estamos creando un sistema legal mundial que tiende a responder a los intereses de las grandes empresas como Disney.

Esto sería un problema triste en cualquier época, pero lo es especialmente en la era digital. Hoy, tenemos la capacidad técnica de poner muchísimos tipos de obras (al menos todo lo escrito y la música) en medios físicos que, con cuidado, pueden preservar la obra original… ¡para siempre!

¿Se imaginan si pudiéramos tener una grabación de un concierto dirigido por Beethoven, o un discurso de Simón Bolívar? Claro, en esos casos la tecnología no existía, pero la ironía de hoy es que al mismo tiempo que estamos construyendo herramientas fantásticas para la preservación de todo el conocimiento humano, estamos cambiando las leyes de forma que sea más y más difícil preservar esas obras. Es posible que en siglos por venir nuestros descendientes miren con espanto el como malgastamos una oportunidad de oro para conservar las obras audiovisuales de comienzos de la grabación «analógica», con la triste excusa de que Disney pudiera ganar dinero con una película de 1923 del Ratón Mickey.

Sin embargo, no hay razón por la que las malas decisiones de EEUU se deban propagar a otros lares. Una propuesta de alargar los periodos de los derechos de autor en Gran Bretaña será aparentemente rechazada, y Chile ha expresado interés de ser un líder al llamar por la protección del Dominio Público. Esos son primeros buenos pasos, y esperemos que no sean los últimos.

[1] Sospecho que mi lectura de la ley Chilena no es completamente adecuada, y que otros trabajos, no solo programas, pueden caer en esta categoría.

(Imagen de «Steamboat Willie» sacada de Wikipedia)

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