Hay aquellos que dicen que los computadores deben acercarse a la gente y requerir el menor entrenamiento posible. Otros, que como toda herramienta, requieren que el usuario se entrene y aprenda a usarlo con sabiduría. Aquí va un punto para los segundos.
Con todo el esfuerzo que ponen los navegadores en evitar el “phishing”, las múltiples advertencias contra esas maravillosas ofertas de fortunas africanas y de excelentes acciones en la bolsa de valores, uno pensaría que algún día tendremos sistemas automáticos de prevención que harán que cualquier usuario de la red pueda navegar con absoluta tranquilidad las peligrosas aguas digitales.
Uno podría pensarlo, hasta que lee la historia que publicó el experto en seguridad Didier Stevens en su blog: hace seis meses Stevens compró el dominio drive-by-download.info (1) y comenzó una campaña publicitaria usando Google Ads, de forma que usuarios que buscaran por combinaciones de “download” y “drive by” vieran el aviso, que se veía así:
y que lee: “Drive-by download: ¿Tu PC no tiene virus? ¡Infectalo aquí!”
Aunque Stevens no tenía la intención de infectar a nadie, el resultado de la “campaña” fue que 409 cibernautas ingresaron felices al sitio donde se les había anunciado que serían infectados por un virus.
La moraleja: no hay sistema automático que reemplace el sentido común.
(1) drive-by-download es una expresión para sitios donde usuarios, sin su consentimiento, bajan e instalan programas malignos.
Por esas cosas de la vida, me cambio de casa por cincuentésima vez. Y aunque he arrastrado por medio mundo una de mis posesiones más preciadas, mis cassettes (!!) y CDs , el otro día, mientras miraba las pequeñas torres con la música acumulada de toda una vida, tuve que admitir que hay pocas razones para seguir preservando discos de plástico y rollitos de cinta a donde sea que me lleve la vida.
Estos días la decisión parecería obvia. Entre el iPod y múltiples respaldos, mi colección ocupa una fracción del espacio y con una calidad que solo un murciélago podría distinguir. Pero si regalar o tirar a la basura CDs y cassettes se justifica en esta era de 0s y 1s, el contemplar mi separación con los cientos de páginas de todas las portadas que los acompañaban no es nada de fácil.
Como todo buen fanático de la música, crecí ahorrando lo que se podía para comprar esos discos que definirían una identidad musical siempre en evolución. Obsesiones que duran años, el placer de ese grupo que solo unos pocos espíritus afines reconocen, el elitismo de lo específico. Ese sentimiento de satisfacción de saber que tienes todos los discos de la banda, y que puedes nombrarlos en orden cronológico si alguién te desafía.
Pero la música no lo es todo: un disco que se precie viene con una buena carga de imágenes y arte que lo definen. No hay fanático del Rock Progresivo que se pueda olvidar de las fantásticas portadas de Roger Dean para los discos de Yes o Gentle Giant. Y si Sgt. Pepper’s Lonely Club fue un álbum legendario, su estrambótica portada grita a los cuatro vientos que la música que vas a escuchar se escribió con ayuda, y a otros, les confirmó que Paul si había muerto el ‘66, y que la escena era en realidad su funeral. El arte le da una identidad visual que saltaba de la portada de un disco a sus fanáticos, y nos ayudaba a reconocernos unos a otros, sea amigos o enemigos. ¿Quién no fue o tuvo un amigo metalero, con la eterna polera de Eddie The Head?¿O tal vez del notable Ten de Pearl Jam o Nevermind de Nirvana? Nada más peligroso que tener 15 años y que un placer culpable te meta en problemas con tus amigos, tal vez un disco de Laura Pausini o tener un disco de La Ley si eras publicamente fanático de Los Tres (o si en Argentina, de Sumo en vez de Soda Stereo).
Y aunque no hay (hasta ahora) nada mejor que tener toda mi colección de música en una pequeña cajita de metal que puedo llevar a todas partes, que puedo llenar con más música comprada por internet o copiada de algún amigo, me admito melancólico y algo triste por lo que dejo detrás. Sospecho que seré como esos vejetes que hablan de cuando los tiempos eran mejores, y hablaré de los viejos buenos tiempos cuando uno tenía que esperar meses por ese disco raro, el placer de abrirlo y escucharlo por primera vez mientras devoraba el librito con la portada y traducía con torpeza las canciones.
Al final, me rendí a los tiempos y me deshice de todos mis cassettes. No tuve las tripas de deshacerme de los CDs, pero si de sus cajas. Aunque eso sí, me quedé con algunas que por historia o por mera calidad no tuve más remedio que guardar en una caja por ahí. La excusa que me dí a mi mismo es que algo habrá que mostrarle a los nietos.
Tras una pausa cortesía de la desorganización de su productor, CircoBit regresa más recargado y cáustico que nunca, analizando tres curiosas dualidades que marcaron pauta en la agenda de nuestros derechos digitales.Senador Navarro: De héroe a villano
Luego de consagrarse como el paladín político del software libre, nuestro Senador Alejandro Navarro mete las patas a fondo cuando se revela que parte de su discurso fue copiado desde un artículo de Wikipedia (falta de ortografía incluída)… claro, sin molestarse en mencionar la fuente.
OLPC: ¿con Dios y con el diablo?
A medida que la iniciativa de “una computadora por niño” de Nicholas Negroponte toma forma, se van revelando algunas concesiones que remecen tanto a partidarios como a detractores. Ya no es sólo que haya elevado su precio de 100 a 175 dólares, sino que la posibilidad de usar Windows como sistema operativo ha encendido el debate en todas las esferas.
Pero, ¿es realmente tan malo?…
Piratería: Criminales de Mercado
La polémica nominación de Chile como país “observado” por Estados Unidos debido a la piratería sigue siendo objeto análisis de CircoBit cuando la industria parece comenzar a entender que el problema puede ser abordado de una óptica más comercial que delictiva.
¿Será indicio de que el mercado por fin comienza a adaptarse a los nuevos escenarios que la tecnología le plantea en vez de combatirlos? Bueno, quizá estemos siendo demasiado optimistas.
Creo que la discusión sobre neutralidad en la red debemos dejársela a los Estados Unidos y Europa, Chile no es potencia en desarrollo tecnológico, por lo que no tenemos pa’ que discutirlo.
Aparte de la cuestión bastante básica de que presidir una mesa de discusión requiere, en general, que uno tenga la disposición de discutir, la opinión del Senador me extraña, y por más de una razón.
Flores tiene fama de Gurú tecnológico. De todos sus pares, es sin duda el que más usa la palabra “digital”, tiene además un blog (aunque hay dudas) y acaba, ayer mismo, de inaugurar el nuevo movimiento político Chile Primero, que tiene en su alma misma la utilización de las nuevas tecnologías, como dice su manifiesto (”La red digital y el acceso a ella es una realidad imprescindible”).
Y que un personero versado en la cosa tecnológica se desentienda de este tema con tanta ligereza es, por decirlo menos, notable. Y es que una cosa es que uno crea que el proyecto de ley es inadecuado, o que hay otras soluciones aparte de legislar sobre el tema. Pero difícilmente se puede decir que el problema no es de Chile: no hace mucho teníamos a Telefónica usando su poder como proveedor de internet para atacar a un competidor en su otro negocio, la telefonía. Tal vez el Senador preferiría ceder el liderazgo - de cuya falta en Chile tanto se queja - a otros países, pero eso es entender muy mal el problema de la neutralidad. Citando de nuevo el documento fundacional de Chile Primero:
Nos proponemos utilizar las tecnologías digitales (google, skype, wikipedia, blogs diarios digitales, etc.) junto a las antiguas tradiciones de la política de base.
Toda la razón. ¿Pero de que sirve tener ciudades iluminadas con redes inalámbricas si los usuarios arriesgan no poder usar servicios de VoIP como Skype, u otros como RedVoiss, el cuál Telefónica intento bloquear?¿Y si perdemos la neutralidad, como van a sobrevivir movimientos sociales la creación de una Internet donde hay que pagar para leer - como es ahora - pero también para ser leído? La neutralidad de la red no se resolverá en Europa ni en Estados Unidos, porque el problema de la neutralidad tiene que ver con la capacidad de los usuarios de usar el ancho de banda que compran de un proveedor de la forma que les dé la gana. Poco le importará a los Estadounidenses o los Europeos que un usuario de internet en Chile tiene puertos bloqueados o esta sujeto a “traffic shaping” o las otras maravillas que se les ocurren a los proveedores.
La neutralidad se define en la relación de cada usuario con su proveedor de internet, y es por eso que la pelea hay que darla en todas partes. Y aunque el Senador Flores no lo vea así, por suerte tenemos a otros en el Congreso que entienden mejor que esta conversación hay que tenerla ahora, y poniendo a Chile… primero.
(Gracias a la artera Maria Pastora publicar los enlaces al evento)
Sin duda para aplacar los ánimos del amigo Claudio , hoy apareció publicado el proyecto de modificación de la ley de propiedad intelectual chilena. Como el Sistema de Información Legislativa es un poco desastroso (.doc only!), he subido una copia del proyecto a Scribd, así que si el honorable público quiere ver el proyecto en línea, o bajarlo en PDF, etc. etc. dirígase a la página del documento.
¿Mis comentarios? Se vienen, pero calma, que hay que leerlo primero.