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La Provostización de la SCD

Jueves 16 de Octubre, 2008

Cuando la ex-ministra de Educación, Yasna Provoste, decidió defender su cargo con una lamentable exhibición pública donde trato de convertirse en un mártir de una acusación Constitucional iniciada por la derecha, pronto se hizo evidente que la estrategia, que descarriló cualquier discusión seria de los méritos reales de la acusación, había fracasado. Al final, Provoste quedó con pocos amigos y sin su cargo, y el resto de nosotros quedamos con la sensación de que alguien – ¡de nuevo! – había confundido a Chile y sus instituciones con una república bananera.

Estos días, parece que el espíritu que se apodero de la ex-ministra se ha infiltrado en la sede de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. La revelación de un acuerdo privado entre la SCD y el Ministerio de Cultura mediado por la SegPres y las críticas desencadenadas en la red han hecho que esta organización se comprometa aún mas a cambiar los términos de la discusión desde los méritos del proyecto a oscuras teorías conspirativas y acusaciones histéricas contra los que se oponen al acuerdo.

Parece que esta provostización esta acompañada por una pérdida notable del sentido de la ironía. En un artículo publicado en el sitio creado por la SCD para la ocasión, Juan Guillermo Tejeda muestra su enojo contra los ordinarios que tienen el mal gusto de infiltrar su internet:

Otra cosa muy distinta es lo que podríamos denominar el florecimiento del lumpen digital. Quienes pertenecen a esta turba… adoptan un lenguaje irreflexivo y a menudo soez; no tienen el menor reparo en ensuciar el honor de otras personas, casi siempre sin dar la cara… hacen ver que discuten o conversan, pero lo cierto es que no creen en el diálogo ni se interesan por escuchar… patean el tablero y hacen fouls porque no creen en rayado de cancha alguno… disfrutan más con las descalificaciones que con los argumentos…

Copiaría más del artículo, pero como con citar esto ya estoy bordeando en la ilegalidad de acuerdo a la ley actual, baste decir que la diatriba continúa. Tejeda, sin arrugarse, habla de una turba y pretende dar lecciones de civilidad, olvidando parece que en los últimos meses el lenguaje irreflexivo frecuentemente ha sido usado por él mismo, acusando a los proponentes de la reforma a la LPI de comunistas, de una campaña para destruir a los artistas, y creando en el camino una mitología completa alrededor del proyecto de ley. Todo esto, mientras tras bambalinas la SCD presionaba al Ministerio de Cultura por un acuerdo al margen de la mesa de diálogo que se había instaurado para discutir y buscar consenso para la nueva ley. Así con el rayado de cancha. Al parecer Tejeda se olvida que escribir de corrido no es sinónimo de saber dialogar.

Tejeda es también uno de los fundadores de The Clinic, ese monumento glorioso al lumpen analógico que nos hace reir regularmente y que seguro lo espanta por su falta continua de respeto y su lenguaje irreflexivo y soez. El mismo The Clinic que es también un ejemplo perfecto de la remezcla y uso legítimo de la cultura que nos rodea, pero que pone al pasquín favorito de muchos en el territorio de lo ilegal, tanto con la ley actual como con la versión bastarda de la nueva ley que promueve la SCD.

Y aunque hay otros miembros de la SCD actuando como adolescentes, la guinda de la torta la ha puesto Denisse Malebrán. A los lectores de Quemarlasnaves y Super45 poco nos puede sorprender lo que sale del cerebro de la Secretaria General de la SCD (que a menudo contradice las posiciones oficiales de la institución que representa), pero en los últimos días se ha superado a sí misma: así, se enfurece Malebrán contra aquéllos que tienen la audacia de “encabezar iniciativas contra esta ley”, aunque queda clarísimo que lo que ella quiere decir es “encabezar iniciativas contra nuestras iniciativas contra esta ley”. Y más aún, utiliza la recepción que le dieron en el Ministerio de Cultura para acusar agresiones y otras leseras contra Claudio Ruiz*, que para sorpresa de muchos – incluyendo, sin duda, a su ejecutivo de cuenta – al parecer es el millonario ejecutivo de una empresa extranjera y malvada (¿ACME Corp.?).

Y esta provostización, esta trivialización de la discusión que encabezan Tejeda y Malebrán, vacía de argumentos, intentando crear una imagen de víctima y sin prueba alguna de esas supuestas mentiras que aquéllos que nos oponemos a las propuestas de la SCD estamos, supuestamente, difundiendo. Pero el sucio secreto de esta estrategia es que ocasionalmente funciona: nada le favorece más a la SCD que que los que nos oponemos a sus propuestas nos olvidemos de nuestros sólidos argumentos y en vez caigamos en el juego de distorsiones e insultos personales que parece forman el núcleo de la estrategia comunicacional de la SCD.

En vez de imitar esa profunda falta de respeto que el Ministerio de Cultura y la SCD han mostrado por el proceso democrático – el primero cediendo a las presiones de la SCD para abandonar el diálogo en el Congreso, y la segundo por hacer que cualquier comunicación fuera de las aulas del Congreso (ya lo han logrado dentro) se haga imposible – deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en denunciar la hipocresía y las contradicciones de la SCD y reafirmar los argumentos que llevaron a proponer el proyecto original – el que la SCD opuso – y hacerle ver a la Ministra Urrutia que acá hay una sociedad amplia que también merece derechos.

(*Full disclosure, como dicen los gringos: Como muchos de ustedes sabrán, Claudio es buen amigo mío y co-AUTOR de CircoBit, el Cometa Halley de los podcast criollos.)

Lo Que Pasa, pero no se imprime

Martes 28 de Agosto, 2007

Siempre me pareció extraño que cuando la revista Qué Pasa publicó la lamentable columna de Carlos Osorio defendiendo el acuerdo MS-Gobierno de Chile, los editores tuvieran que recurrir nada menos que a España para encontrar a alguien que pudiera contar el otro lado de la historia.

Curioso, porque no fueron blogs españoles los que se han opuesto al acuerdo. Curioso también, dado que la carta de respuesta a Osorio que hoy publica Christian esta firmada por nada menos que siete académicos de la Universidad de Chile. Y conozco a un par más en otras universidades que sospecho hubieran estado felices de contestarle a Osorio.

El hecho de que la carta exista deja en claro que la revista no se molestó en encontrar un experto criollo que pudiera dar argumentos reales contra el acuerdo. En vez, se contentaron con encontrar a Osorio, que tiene un claro interés en que el acuerdo sea aplaudido a diestra y siniestra, y a alguien que no dijo nada sustantivo, porque francamente parece no tener idea de la política pública chilena en el área digital (política cuya existencia aún esperamos se confirme uno de estos días). De esa forma, se creo el espejismo de que se le dio palestra a gente que apoya y que se opone al acuerdo.

Y la excusa de la revista Qué Pasa dio para no publicar la carta (“tenemos problemas de espacio”) es realmente patética. Y poco creíble, dado que según los firmantes de la carta la revista había inicialmente accedido a publicarla, para después echar marcha atrás justo antes de que la revista se imprimiera. Un chiste, a menos que la publicación se haya encogido de un día para otro.

Creo que ya perdí la cuenta de la estupideces que ha publicado la prensa con respecto a este tema. La carta de los académicos de la DCC es una indicación de que la prensa está haciendo más daño con lo que no está publicando.

ISO y OOXML: Las Reglas del Juego el 2 de Septiembre

Sábado 25 de Agosto, 2007

Como muchos lectores sabrán a estas alturas, el próximo 2 de Septiembre es el plazo final para que las organizaciones nacionales que pertenecen a ISO (Chile incluido) decidan su voto con respecto a la propuesta de que OOXML, el formato de documentos del recién estrenado Microsoft Office 2007, se convierta en un estándar internacional. El proceso de votación es un poco complicado, así que vale explicar un poco como funciona la cosa, para que los leales lectores no se confundan cuando se empiecen a contar los votos la próxima semana.

La cosa funciona más o menos así: cada país miembro de ISO debe decidir entre tres posibles votos:

  1. Aprobar: Este voto puede incluir comentarios, pero solo de carácter general o editorial.
  2. Rechazar: Este voto puede incluir comentarios de cualquier tipo, incluyendo indicaciones de problemas técnicos que deberían ser corregidos y propuestas para su corrección.
  3. Abstención.
Un aspecto muy importante que es importante destacar es que las reglas para las organizaciones nacionales (p. 48) que deben decidir el voto de cada país indican que:
Aprobación condicional debe ser enviada [a ISO] como un voto de rechazo.
Es decir, si una una organización nacional cree que OOXML estándar presenta problemas técnicos que deben ser solucionados, debe rechazar la aprobación del estándar, incluso en el caso en que crea que estos problemas pueden ser solucionados y el estándar puede ser aprobado más tarde.

El otro aspecto que es un poco complicado es como se determina el resultado. A pesar de que cada país tiene un solo votos (todos los países son iguales), no todos los votos tienen el mismo peso (hay países más iguales que otros). En términos simples, hay dos tipos de miembros de ISO que pueden votar: los países “P” (Participantes) y los países “O” (Observadores). Para que OOXML pueda ser aprobado, todas las siguientes condiciones deben cumplirse:

  1. No más del 50% de países deben abstenerse.
  2. Al menos 66% de los países “P” deben aprobar.
  3. No más del 25% del total de los votos (Países “P” y “O” combinados) debe rechazar.
Como se imaginarán, la primera condición es relativamente fácil de cumplir en el caso de OOXML. Es cosa de tener suficientes votos, y no hay indicación hasta ahora de que muchos países “P” se van a abstener, aunque Finlandia e Italia han indicado su intención de hacerlo. Abstenciones no son consideradas cuando se calculan los porcentajes de los puntos (2) y (3).

El criterio (2) es más complicado para Microsoft. China, India, Brasil, Canadá y Japón, todos países “P”, han indicado que rechazarán OOXML. Es probable que otros países que han trabajado en ISO por mucho tiempo sigan esta tendencia.

Pero la guerra no está ni cerca de estar perdida para Microsoft. De hecho, hay varias indicaciones que Microsoft esta peleando dos batallas: tratar a convencer a países que voten a favor, o en el peor de los casos que se abstengan (¡esto es bastante obvio!), y la segunda estrategia es lograr que países pequeños voten “Aprobar” y cambien su membresía en ISO de observador (O) a participante (P). El genio de esta estrategia es evidente: Microsoft será capaz de contrarrestar la oposición de países al “diluir” los votos negativos que podrían cambiar generar un rechazo de OOXML debido al criterio (2). Hay indicaciones de Chile está considerando justamente esta medida, aunque es poco claro cuál será el voto del INN, ni tampoco si el cambio de O a P se hará antes del 2 de Septiembre. Estén atentos.

Y esto nos lleva al criterio número (3). En cierto sentido, este es el más difícil de influenciar, porque no toma en cuenta el tipo de membresía de cada país. Microsoft ha tenido que usar tácticas más conocidas, y esta usando toda su influencia. En un voto reciente en Estados Unidos, por ejemplo, Bill Gates llamó directamente al Ministro de Comercio norteamericano (Si señores, en todas partes se cuecen habas) para cambiar un voto poco favorable. Desde Tanzania a Portugal, pasando por Kenya, organizaciones nacionales están recibiendo una atención inusitada de Microsoft, que esta reclutando votos positivos a diestra y siniestra. Sin duda, lo mismo esta pasando en Chile, donde la amistad de Microsoft y el Gobierno es bien conocida.

Como ya contaba en el blog de Christian, hay sólidas razones técnicas para rechazar OOXML, razones que se son independientes de que opinión nos genere Microsoft como empresa. El INN tiene una opción clara para definir su voto la próxima semana, y debería rechazar la aprobación de OOXML.

Acuerdo Marco: Microsoft “lo ha hecho bien”

Lunes 06 de Agosto, 2007

Mientras la conversación sobre el acuerdo marco continúa en los blogs, un comentario que se escucha una y otra vez es que mientras que el gobierno cometió graves errores, Microsoft “lo ha hecho bien” porque el acuerdo le permitirá acceso a nuevos clientes y más utilidades. Pero esta percepción, me parece, es equivocada.

Sin duda, el 9 de Mayo, cuando se firmo el acuerdo, los ejecutivos de Microsoft que participaron en su gestación deben haberse ido a dormir con una sonrisa en los labios, y – sospecho – la expectativa de un atractivo bono como recompensa a sus esfuerzos. Hoy, sin embargo, la situación es distinta: lo que parecía un triunfo que generó aplausos y cero escrutinio hace tres meses hoy ha generado publicidad, pero no de la que le agrada al gobierno o a Microsoft. Y es una atención que, si les creemos a los defensores del acuerdo, ni siquiera había necesidad de generar: todos los elementos del acuerdo ya estaban siendo ejecutados o en etapa de planificación sin necesidad de aprobación del Congreso.

Al firmar el acuerdo, entonces, Microsoft logro que el tema de la estrategia digital esté en boca de muchos estos días (a pesar de la paupérrima y penosa cobertura de los medios tradicionales), y ahora se enfrentan a una sesión en el Congreso donde es de esperar que las voces que nunca fueron invitadas al ministerio de economía tengan la oportunidad de dar su opinión, y donde los diputados podrán obtener respuestas a las preguntas que el Ministro y sus asesores le han sacado el cuerpo por varias semanas.

El equipo de relaciones públicas de Microsoft sabe bien que salir a enfrentar esas preguntas es la mejor estrategia posible. Pero sospecho que se deben estar preguntando si el precio de la firma en el acuerdo será demasiado alto. Una empresa del tamaño del Microsoft se siente muy cómoda en las oficinas de los ministros, donde la conversa es sin duda de compadre a compadre, y el éxito se mide en nuevos clientes para uno, y en titulares para el otro. El foro público de una audiencia en el Congreso, donde pueden haber preguntas incómodas, es harina de otro costal. A todas luces, los últimos acontecimientos son una derrota para la estrategia de Microsoft, que ha sido la de evitar a toda costa la competencia abierta por acceso al sector público. No nos olvidemos: “Es un acuerdo, no es contrato, así que no se necesita pasar por una licitación“.

¿Quién le teme al Microsoft Feroz? (José Piquer)

Jueves 02 de Agosto, 2007

(Nota: El profesor Piquer accedió  a publicar aquí una versión extendida de su artículo en la Tercera sobre el acuerdo marco)

Por José Piquer, Profesor Asociado, Depto Ciencias de la Computación Universidad de Chile

Estos últimos días ha ocurrido un fenómeno de movilización digital que no recuerdo haber visto nunca en Chile: los blogs se llenan de discursos ideológicos, se proclaman manifiestos incendiarios, un amigo declara que hay héroes locos en las barricadas digitales y otros llaman a un golpe de estado digital porque el gobierno nos ha vendido al mismísimo demonio. Más sorprendente aún, este movimiento ha sido percibido por el mundo “tradicional”: los políticos, las empresas y los medios han escuchado esas proclamas y han reaccionado, con comunicados y respuestas oficiales, tomándose muy en serio esta reacción.

Todo debido a un hecho más bien trivial: alguien publicó el texto del acuerdo firmado el 9 de mayo entre el Ministerio de Economía y Microsoft, que en su momento había tenido una mínima cobertura de prensa e interés.

¿Por qué tanto escándalo? El acuerdo en sí no es más que una larga enumeración de áreas (11) en que Microsoft y el gobierno cooperarán para ayudar a desarrollar la cultura digital en Chile, como educación, seguridad, pymes, etc. Algo que se venía haciendo hace tiempo, sin demasiada polémica.

Probablemente lo más polémico del acuerdo es la intención de desarrollar un “domicilio digital”, con espacio para que cada ciudadano tenga su cuenta, mail e identidad. Es algo así como la campaña de “un hosting para Chile”. La idea es que sea el espacio favorito de interacción entre los ciudadanos y el gobierno, para lo cual se requiere autentificar a los chilenos y una cooperación con el Registro Civil.

Esto se entendió como que los datos de todos los chilenos iban a ser entregados a Microsoft y que ellos iban a operar nuestras plataformas digitales. Además, todo el resto de la cooperación se basa en software Microsoft, lo que también se percibe como un intento de usar al gobierno chileno para promover sus herramientas. En definitiva, estábamos siendo colonizados por el Monstruo del Norte.

Si este acuerdo se hubiese firmado con otra empresa, digamos HP, Sun, Apple u Oracle, yo apostaría que no hubiese generado este pánico. Porque el miedo y el rechazo lo genera Microsoft, no el acuerdo mismo.

La verdad es que Microsoft se ha ganado su reputación. Siempre ha jugado el rol del “malo” en la industria de las tecnologías de la información. Ha llenado el mercado de soluciones mal hechas y que fallan en forma sistemática, siempre ha copiado las innovaciones que han hecho otros, ha ignorado a las Universidades y centros educacionales, ha creado y dirigido asociaciones anti-piratería aterrorizando PYMEs y, finalmente, ha dominado el mercado en forma incuestionable por más de 20 años. Cuando uno posee el 90% del mercado, no hay mucha motivación para ser amable.

Pero igual que en los dinosaurios y los mamíferos, o en David y Goliath, la vida no siempre es fácil para los poderosos gigantes. Después de tantos años, Microsoft ha creado una generación de enemigos y desconfiados, que hoy se levantan en armas para oponérsele. No solo eso, también ha logrado que todo el resto de la industria termine apoyando el uso del arma más poderosa que se ha inventado en su contra: el Open Source. Porque lo único realmente innovador que inventó Microsoft fue el concepto de vender el software, y venderlo cerrado, en cajitas negras que se instalan sin saber lo que realmente hacen. Cuestionar ese modelo de negocios y reemplazarlo completamente es la amenaza más grande que Microsoft enfrenta hoy.

Finalmente, Microsoft mismo ha terminado aceptando este problema, y está actualmente en una campaña de ser “bueno”. En todas partes del mundo está cooperando con las Universidades en investigación y con los gobiernos en alfabetización digital y está dedicando un gran esfuerzo de relaciones públicas para mejorar su pésima imagen frente al público. El acuerdo firmado con el gobierno chileno se enmarca dentro de esa política.

Entonces, ¿realmente es peligroso el acuerdo firmado? Yo creo que sí. La redacción ambigüa de algunas partes permite interpretaciones, y quedamos en manos del gobierno para velar por la privacidad de nuestros datos y la apertura de sus sistemas. Si no existe una preocupación constante por cuidar estos aspectos en las implementaciones concretas de los sistemas, corremos serios riesgos de que estas acciones sean mal usadas y aprovechadas por Microsoft. Por otro lado, la liviandad con que fue firmado este acuerdo, que parece haber sido muy revisado por abogados pero por ningún técnico, es un indicador de la poca conciencia que existía en el gobierno de estos riesgos.

Afortunadamente, la movilización digital está logrando garantizar que las autoridades se mantengan atentas a estos temas, por lo que creo que los principales riesgos fueron controlados. El solo hecho que se hayan visto obligados a sacar declaraciones públicas y generarle explicaciones a la comunidad ya muestra una presión y creo que también determina un futuro en que no se firmarán acuerdos de este tipo sin pensarlo mucho antes. La ejecución de este acuerdo estará ahora sometida al escrutinio público y deberemos mantener un activismo digital permanente.

Lo que me complica hacia el futuro es que no estoy seguro de cual es la visión que el gobierno tiene de Microsoft. A veces parece que lo tratan como una potencia extranjera con la que están firmando un Tratado de Libre Comercio. Otras, parece que lo ven como una fuente de recursos económicos. Y otras, parece que creyeran que le pueden subcontratar la informática del gobierno. Curiosamente, nunca lo ven como una empresa proveedora de software, con la que debieran negociar un buen precio por las licencias en el sistema público.

Me gustaría estar más convencido que el gobierno entienda que Microsoft no es una empresa cualquiera. Y que debería estudiar con lupa y negociar muy bien cualquier actividad que realice con ellos. Microsoft es el depredador dominante, y uno no firma acuerdos livianos con esos seres.

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