Por si no esta claro…
…estoy de vacaciones. Y este blog tambien.
Nos vemos a finales de Octubre. O antes, si me animo a publicar una que otra foto.
…estoy de vacaciones. Y este blog tambien.
Nos vemos a finales de Octubre. O antes, si me animo a publicar una que otra foto.
“Ya era hora“.
Amén.
Ayer, con coordinación que solo se ve en un ballet, y mientras escribía el último correo antes de cerrar el computador, me llegó la noticia de que el INN ha decidido abstenerse en la votación sobre OOXML y mi (hasta ahora) extremadamente confiable Thinkpad tuvo un ataque de algo y murió. Nada de pánicos o mensajes de error. Pantalla negra y falta total de señales de vida. Un aneurisma electrónico.
Por supuesto, esto paso justo cuando estoy preparando maletas para llegar a Chile el lunes en la mañana (mis diculpas a los amigos que se enteran de esta forma). Gracias a nuestro excelente departamento informático, soy – por un par de semanas – un nuevo integrante de la comunidad Apple. Dada la obligación de abandonar a mi querido Debian, me dieron la opción de Windows o Mac. Así que aquí estoy, escribiendo con un PowerBook G4. Podría ser peor.
Y un aplauso para Lenovo: ingresé una solicitud de servicio bajo garantía (la diferencia de precio por un Thinkpad se explica en parte por los 3 años de garantía que incluyen) y me llamaron literalmente 8 minutos más tarde para ver cuál era el problema. Después de una breve explicación, me han enviado una caja por correo (con retorno pre-pagado) para que envié al difunto a ser revivido. Servicio al cliente de película.
Eso es todo por ahora. Espero reiniciar transmisiones pronto. Estaré aprendiendo como funciona el Powerbook (todo bien por el momento). Cambio y fuera.
A propósito del vergonzoso proceso que llevó a la decisión de Suecia a votar por la aprobación de OOXML, Groklaw informa que el Instituto de Estándares Sueco ha decidido echar marcha atrás y ha cambiado el voto de Suecia a “abstención”.
Espero que todos esos pobres “partners” de Microsoft en Suecia reciban su dinero de vuelta.
Para los que no están obsesionados con la votación que se viene el próximo 2 de Septiembre, tal vez se les pasó que Suecia anunció que respaldaría la aprobación de OOXML como un estándar ISO. Detalles del proceso que han sido publicados desde la reunión donde se definió la posición de los suecos han dejado evidencia las lamentables tácticas que está usando Microsoft para lograr su objetivo.
Un poco de historia: hasta hace un par de meses, la derrota de OOXML en el Instituto de Estándares de Suecia (SIS en inglés) parecía completamente asegurada. El voto iba a ser por consenso dentro del instituto, y el comité a cargo de la decisión estaba compuesto en su mayoría por agencias gubernamentales e instituciones de carácter técnico, y los cientos de objeciones técnicas al formato de Microsoft Office parecían insuperables.
Insuperables, es decir, hasta que súbitamente, el SIS fue inundado con nuevos miembros. A pesar de que el privilegio de convertirse en miembro y votar cuesta aproximadamente US$2500, 23 empresas se unieron al SIS justo antes de la votación final. Los recién llegados eran en su gran mayoría empresas “partners” de Microsoft en Suecia. ¿El resultado? El voto pasó de un muy probable “Rechazo a OOXML” a “OOXML es fantástico” con 25 votos a favor, 6 en contra y 3 abstenciones.
Y la cosa se pone peor. Mucho peor. Groklaw ha publicado que antes de la votación final del SIS, Microsoft le envió un memorándum a varios de sus “partners” en Suecia (Microsoft ha admitido que es auténtico). Según el artículo, Microsoft les escribe que “espera” que el partner se una al SIS y “que vote “Sí” a la aprobación de OOXML”. Y ni siquiera deben preocuparse de encontrar razones:
“[Las empresas partners] no necesitan discutir los contenidos de la especificación pero deberían estar preparados para ofrecer algunos argumentos de porque están votando “Sí” – estos argumentos se los proveerá Microsoft“En el memo, Microsoft también aclara que aunque la empresa tendrá que correr con los gastos de incorporarse al SIS, el gasto no será en vano: Microsoft ofrece a las empresas que voten por aprobar OOXML “soporte de marketing” y “apoyo adicional” que no es especificado. A buen entendedor, pocas palabras.
En resumen, Microsoft ha logrado corromper el proceso de estandarización hasta el punto que unos meros 50.000 dólares son suficientes para comprar el voto de un país completo (Microsoft ha declarado que el memo fue un error. ejem). Si las tácticas del gigante de Redmond me habían parecido poco transparentes, pero dentro de lo que se podía esperar dado su poder e influencia, creo que lo que estamos viendo estos días va más allá de lo que aún los más pesimistas podrían haber predicho.
En los próximos días, voy a tratar de escribir un poco más de lo que está pasando en Chile, porque hay signos preocupantes de que el voto nacional también puede estar siendo influenciado indebidamente. ¿Tendremos otra lluvia de titulare con las palabras “Microsoft”, “Chile”, y “vende”? Estén atentos, que ya es cosa de días.
Siempre me pareció extraño que cuando la revista Qué Pasa publicó la lamentable columna de Carlos Osorio defendiendo el acuerdo MS-Gobierno de Chile, los editores tuvieran que recurrir nada menos que a España para encontrar a alguien que pudiera contar el otro lado de la historia.
Curioso, porque no fueron blogs españoles los que se han opuesto al acuerdo. Curioso también, dado que la carta de respuesta a Osorio que hoy publica Christian esta firmada por nada menos que siete académicos de la Universidad de Chile. Y conozco a un par más en otras universidades que sospecho hubieran estado felices de contestarle a Osorio.
El hecho de que la carta exista deja en claro que la revista no se molestó en encontrar un experto criollo que pudiera dar argumentos reales contra el acuerdo. En vez, se contentaron con encontrar a Osorio, que tiene un claro interés en que el acuerdo sea aplaudido a diestra y siniestra, y a alguien que no dijo nada sustantivo, porque francamente parece no tener idea de la política pública chilena en el área digital (política cuya existencia aún esperamos se confirme uno de estos días). De esa forma, se creo el espejismo de que se le dio palestra a gente que apoya y que se opone al acuerdo.
Y la excusa de la revista Qué Pasa dio para no publicar la carta (“tenemos problemas de espacio”) es realmente patética. Y poco creíble, dado que según los firmantes de la carta la revista había inicialmente accedido a publicarla, para después echar marcha atrás justo antes de que la revista se imprimiera. Un chiste, a menos que la publicación se haya encogido de un día para otro.
Creo que ya perdí la cuenta de la estupideces que ha publicado la prensa con respecto a este tema. La carta de los académicos de la DCC es una indicación de que la prensa está haciendo más daño con lo que no está publicando.
Estoy de acuerdo con Rodrigo Claudio: el rediseño de La Nación me gustó. Visitar el sitio anterior era un poco como una máquina del tiempo que te llevaba a la red de 1999. A las críticas constructivas de Rodrigo Claudio agrego: ¿Donde está la sindicación? La Tercera tiene RSS. Emol también*.
Vamos, muchachos, que se puede.
(*) Emol no lo tiene configurado bien: no aparece en la barra de dirección de Firefox. Pero bueno.
A través del blog de Rodrigo llegué a Zancada, un blog grupal de “cosas de minas”. Como en la red las recomendaciones de gente respetable valen oro, me fui a visitar Zancada para ver qué es lo que escriben. Y me encontré con un blog bien hecho y con buenos artículos.
Todo bien. A suscribirse se ha dicho… hasta que llegué a Google Reader. En Zancada, como muchos otros blogs, solo ponen en su RSS parte de sus artículos, y te invitan a ” [Seguir] leyendo el resto de la nota en nuestro sitio…”. Si solo quisiera leer a Zancada y otros pocos blogs, esto no sería mucho problema. Pero con los más de 300 blogs a los que estoy suscrito y con la lista creciendo todos los días, el tener que visitar cada sitio es poco práctico, por decirlo menos.
Y me pasa con cada vez más frecuencia: cuando me encuentro con una sindicación incompleta, como la de Zancada, me tengo que preguntar si vale la pena visitarlos cada vez que quiero leer un artículo. Y he ahí el problema: no lo sé, porque no los he leído lo suficiente. El RSS incompleto, aunque tentador para el autor porque obliga a los lectores a visitar el sitio (que normalmente tiene la publicidad y otros contenidos), es también una barrera de entrada para el lector de muchos blogs como soy yo.
Cada vez estoy mas tentado a no suscribirme a blogs que tengan sindicación incompleta, a menos que la calidad del contenido haga que ese extra “click” valga la pena. La paradoja, por supuesto, es que es difícil decidir si la calidad lo amerita a menos que uno se suscriba y se de el trabajo de visitar el sitio por un tiempo.
Otra alternativa (la más tentadora) es leer los otros miles de blogs, y ver si Zancada recibe más recomendaciones en el futuro. Tal vez es uno de esos blogs que uno no se puede perder. Por ahora, a esperar a que pongan los artículos completos, y a leer los otros 300 blogs.
Mientras la conversación sobre el acuerdo marco continúa en los blogs, un comentario que se escucha una y otra vez es que mientras que el gobierno cometió graves errores, Microsoft “lo ha hecho bien” porque el acuerdo le permitirá acceso a nuevos clientes y más utilidades. Pero esta percepción, me parece, es equivocada.
Sin duda, el 9 de Mayo, cuando se firmo el acuerdo, los ejecutivos de Microsoft que participaron en su gestación deben haberse ido a dormir con una sonrisa en los labios, y – sospecho – la expectativa de un atractivo bono como recompensa a sus esfuerzos. Hoy, sin embargo, la situación es distinta: lo que parecía un triunfo que generó aplausos y cero escrutinio hace tres meses hoy ha generado publicidad, pero no de la que le agrada al gobierno o a Microsoft. Y es una atención que, si les creemos a los defensores del acuerdo, ni siquiera había necesidad de generar: todos los elementos del acuerdo ya estaban siendo ejecutados o en etapa de planificación sin necesidad de aprobación del Congreso.
Al firmar el acuerdo, entonces, Microsoft logro que el tema de la estrategia digital esté en boca de muchos estos días (a pesar de la paupérrima y penosa cobertura de los medios tradicionales), y ahora se enfrentan a una sesión en el Congreso donde es de esperar que las voces que nunca fueron invitadas al ministerio de economía tengan la oportunidad de dar su opinión, y donde los diputados podrán obtener respuestas a las preguntas que el Ministro y sus asesores le han sacado el cuerpo por varias semanas.
El equipo de relaciones públicas de Microsoft sabe bien que salir a enfrentar esas preguntas es la mejor estrategia posible. Pero sospecho que se deben estar preguntando si el precio de la firma en el acuerdo será demasiado alto. Una empresa del tamaño del Microsoft se siente muy cómoda en las oficinas de los ministros, donde la conversa es sin duda de compadre a compadre, y el éxito se mide en nuevos clientes para uno, y en titulares para el otro. El foro público de una audiencia en el Congreso, donde pueden haber preguntas incómodas, es harina de otro costal. A todas luces, los últimos acontecimientos son una derrota para la estrategia de Microsoft, que ha sido la de evitar a toda costa la competencia abierta por acceso al sector público. No nos olvidemos: “Es un acuerdo, no es contrato, así que no se necesita pasar por una licitación“.
La revista Qué Pasa acaba de publicar un artículo de opinión del académico Carlos Osorio sobre el acuerdo marco (con un débil contrapunto de Angel Jimenez de Luis).
Primero, el artículo propaga un mito conocido:
Por un lado, el gobierno y Microsoft dicen que el acuerdo sólo es un marco de entendimiento en que MS hace una donación a Chile en el contexto de responsabilidad social empresarial y el gobierno se compromete a actuar de contraparte.¿Pero es esto una donación, cuando se implementarán tecnologías de Microsoft que tarde o temprano requerirán pago de licencias?¿Y considerando que el gobierno se compromete a promover soluciones tecnológicas de Microsoft, y ayudar en su implementación? Interesante es también que Osorio omite elucubrar sobre los costos que conllevan el “compromiso a actuar como contraparte” por parte del gobierno. Tendremos, supongo, que averiguarlo a medida que el acuerdo se vuelva realidad.
Pero no tan rápido, nos dice el Dr. Osorio:
Aquí nace parte del problema. El pacto establece que “nada en este Acuerdo será interpretado como estableciendo una sociedad, joint venture (en Chile, similar a la unión transitoria de empresas), agencia, empleo u otra relación similar entre las Partes” … El acuerdo no obliga a Chile.Este argumento sigue siendo un misterio para mí. Después de un tiempo (indeterminado) de gestación, la conferencia de prensa anunciando el acuerdo, la firma del ministro en el documento, la defensa del acuerdo en la prensa, etc., ¿hemos de suponer que el Gobierno no tiene intención de cumplir su parte del trato? Eso no suena muy serio.
El artículo continúa arguyendo que el acuerdo fue anunciado, y por lo tanto no hay secreto. Ya contesté este punto, pero vale la pena repetirlo: el publicar el acuerdo es condición necesaria, no suficiente, para considerarlo transparente: es el proceso que lleva a la firma de estos acuerdos el que debe ser justificado, público e incluir a todos los actores relevantes.
El Dr. Osorio insiste en que el acuerdo no implica que el Estado este obligado a usar productos Microsoft. Este punto hay que concederlo, porque nadie le está poniendo una pistola en la cabeza a nadie. Por supuesto (y esto el autor debe saberlo bien), el asunto es más sutil: si una pequeña municipalidad tiene que elegir una solución para un portal en la red, y el Gobierno esta promocionando un producto de Microsoft: ¿Esta seriamente el Dr. Osorio sugiriendo que la dicha Municipalidad no usará esa solución?. Lo mismo aplica a otros puntos del acuerdo.
Y al final, el artículo termina con una lección (gratuita, por suerte) para los críticos del acuerdo:
Esta pequeña tormenta es un botón de muestra de un desconocimiento en el tema que a pocos les pareciera importar. Éste se debe a falta de información, pero, más importante aún, a falta de capacidad y educación para entender tecnología, estrategia y política tecnológica. Lo anterior, unido a la tendencia cada vez más común en Chile de importar la opinología desde la farándula a la política, no augura buenos resultados.Y el mensaje es claro: debemos entender que las decisiones sobre la estrategia digital del país se las tenemos que dejar a expertos como el Dr. Osorio (que asesoró al gobierno durante la gestación del acuerdo), y que de las cientos de opiniones y reacciones que ha generado el acuerdo no se puede sacar nada en limpio: es farandulismo. Porque no solo somos ignorantes, nos dice este académico, sino que tampoco tenemos la “capacidad” y la “educación” para entender estos temas.
No tengo duda de que el Dr. Osorio es un excelente profesional y que su experiencia nos será muy valiosa a medida que definimos nuestra estrategia digital. Pero creo su artículo traiciona una forma de entender la política pública en que las cosas se hacen a puertas cerradas, despreciando las opiniones de los ciudadanos comunes y corrientes, y asumiendo que un pequeño grupo de tecnócratas, burócratas y empresarios pueden decidir por el resto de nosotros. Esperemos que el Congreso entienda este punto mucho mejor.